Él está tranquilo, yo también sorbe un té con limón, bebo un café, es lo único que nos distingue. Él lleva, como yo, una camisa holgada a rayas, yo hojeo, como él, los periódicos de la tarde. Él no me ve cuando miro de reojo, yo no le veo cuando mira de reojo, él está tranquilo, yo también. Pregunta algo al camarero, pregunto algo al camarero... Una gata negra pasa entre nosotros, acaricio su noche acaricia su noche... Yo no le digo: Hace bueno, está despejado. Él no me dice: Hace bueno. Él es el observado y el observador yo soy el observado y el observador. Muevo la pierna izquierda mueve la pierna derecha. Tarareo una canción, tararea una canción parecida. Pienso: ¿Es el espejo en que me veo?
Entonces le miro a los ojos, pero no le veo... Abandono el café aprisa. Pienso: Quizá sea un asesino, o quizá uno que habrá pensado que yo soy un asesino.
Él tiene miedo, ¡y yo también!
Traducción de Luz Gómez García
de http://mahmuddarwix.blogspot.com
Has visto un ciclo en televisión de cine en tiempos de franco Yo soy aquel chaval que creció en la fila de los mancos Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello, un sujetador Bramaba la temible linterna del acomodador
Ella tenía catorce abriles en canal Sobre la rodilla rebeca para disimular Aquel sabor a chocolatina, a piel, saliva y sudor La carne de gallina me pone en el corazón
En pantalla Dalila cortaba el pelo al cero a sansón Y en la última fila del cine, con calcetines aprendimos tú y yo
Juegos de manos, a la sombra de un cine de verano Juegos de manos, siempre daban una de romanos
Era condición esencial organizar bien el modo De entrar en la semi oscuridad blanca y negra del no-do Y mientras en el circo un león se merendaba a un cristiano La nena se dejaba besar que no la pille su hermano
Si estrenaban Cleopatra y pedían el carnet Yo iba con corbata y pomada que cura el acné Hasta que aquella bici de mi niñez se fue quedando sin frenos Y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos
Y mientras en pantalla prendía fuego a roma nerón Contra la última valla del cine y en calcetines aprendimos tú y yo
Hoy que todos andan con videos porno americanos Para ver contigo me alquilo una de romanos
Nunca he tenido dioses
y
tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante
mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé
juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a
vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la
hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé
noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la
rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene
trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la
oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto
en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas
insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras
dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles
sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la
noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la
luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse
por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con
estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad
literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es
otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse
la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que
pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro
detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me
convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla
vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me
prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
"Esta noche, cuando volvía a casa (a las dos) a pie, con una
tramontana fortísima en contra, pensaba que, a veces, la vida parece
más larga que la eternidad. En la cama (glacial), leo los dos
últimos números de Il Borghese, hasta las ocho. Me levanto
a las cuatro de la tarde. Hace un día despejado, soleado y lívido
-sin viento. ¡Año nuevo, vida nueva! Me paso lo que queda del día
en casa, junto al fuego"
La Vida Lenta, Josep Pla (Acotación de Alberto Gordo, El Cultural)
Hombres
y bestias del zodíaco Una vez más contra nosotros. Verdes
botellas de vino, rojas conchas de langosta, Todas vacías, se
apilan en la mesa. "¿Cómo olvidar a un viejo conocido?" Y
cada uno, sentado, escucha sus propios pensamientos. Fuera,
chirrían las ruedas de los carros. En el alero los pájaros
despiertan. En otra alba de invierno, pronto, He de
enfrentarme a mis cuarenta años. Me empujan duros, tercos
instantes, Doblado hacia la sombra larga del crepúsculo. La
vida gira y pasa, borracho fuego fatuo.